Una historia de instinto y amor animal que conmovió a los socios del Club Pescadores


Una particular historia de instinto y amor animal conmovió al Club de Pescadores y Náutica San Pedro, luego de que un ganso que es casi una mascota de socios y visitantes perdiera a su compañera inseparable.

Las dos aves se habían convertido en un atractivo habitual del predio ribereño, donde solían desplazarse juntas por los caminos internos y el agua, interactuando con los transeúntes y recibiendo alimento de adultos y niños. Sin embargo, la rutina del lugar se vio alterada cuando la gansa hembra desapareció imprevistamente, dejando a su pareja sola.

A partir de ese momento, la conducta del ave cambió de forma drástica. Comenzó a emitir intensos graznidos de desorientación, a nadar en círculos y a rechazar el alimento ofrecido por el personal y los concurrentes del club. 


En un posteo publicado en sus redes sociales, Matilde Carreras relató cómo lo vivieron en el predio:

"Desde hace casi dos años ellos fueron inseparables. Uno comía, esperando que el otro también hiciese lo mismo. El lavarse y batir las alas al sol era un espectáculo maravilloso, la danza del baño se escuchaba decir a quienes cada día se entretenían con ellos. Se esperaban en cada orilla, surfeaban los kayak que se deslizaban suavemente ante su cercanía. Disfrutaban del sol acicalando sus plumas mutuamente sin temor a las miradas curiosas, porque para ellos hacerlo era como la danza del amor. Sin siembras, sin cosechas, ni graneros, eran alimentados por los niños que adoraban verlos tan cerca que podía distinguir el color de sus ojos. Los adultos y jóvenes no perdían ocasión de darles una dieta rica en carbohidratos, ellos parecían disfrutar de está incansable atención, así lo demostraban cada vez que veían a una persona en la ribera. Eran los socios vitalicios del lugar. Cuidaban su espacio, a pesar de la desconfianza que generaban al batir sus alas, eran muy territoriales, pero a su vez amistosos. Hasta que un día comenzamos a escuchar un sonido muy diferente al acostumbrado.

  • ¿Qué le pasa al ganso? Preguntó el niño con rostro preocupado. En ese momento la atención fue más profunda que la acostumbrada. -¿Y el otro? Claro... acostumbrados a verlos en pareja fue bastante chocante verlo en solitario, costumbre que no es muy de gansos machos ni de gansos. Había algo en su forma de deslizarse por el agua que no era normal, y ese graznido que llegaba al fondo del corazón no se podía entender de otra forma que no fuese de tristeza. -¿Se ponen tristes los gansos? fue su segunda pregunta. Algo sabía de estás aves y no pude mentir... Si, así es, la tristeza de alguna manera se apodera de ellos. Hice una pregunta como para sacarlo de su desasosiego. -¿Sabías que se eligen de por vida? -¿En serio? El niño seguía esperando una respuesta que fuese satisfactoria a su latente preocupación.

  • Si, respondí, así es, son muy leales, y por eso está triste, desorientado, porque su pareja no está. El pobre seguía graznando como si se le fuese la vida en esa ausencia tan insignificante para muchas personas por el simple hecho de ser tan solo gansos y sin embargo quedaba flotando la posibilidad que en muy poco tiempo dejaríamos de ver al emplumado y hermoso ejemplar blanco como la nieve.

Ya no escuchábamos ese sonido suave, repetitivo cuando al estar juntos se mimaban. Solo, triste, su verdadero sonido se emitía de lo más profundo de su entendimiento de no tener a su pareja, nadar en círculos, emitiendo ese desgarrador graznido, realmente una dolorosa y lamentable situación que no sólo fue que un ave desapareciese en manos de vaya a saber quién, sino marcar un destino de otro ser vivo que fue hecho para el amor eterno".

Frente a la desolación del ave y sabiendo que los gansos son especies monógamas que eligen una pareja para toda la vida, la comunidad del club buscó alternativas para ayudarlo. En un primer intento por brindarle compañía, se introdujeron tres ejemplares al recinto, pero al tratarse de machos fueron rechazados de inmediato.

Ante esa respuesta, socios se trasladaron hacia un criadero especializado para adquirir una hembra adecuada. El desenlace se produjo al momento de la liberación en el predio, cuando se constató que la nueva gansa poseía el mismo plumaje blanco que la anterior. 

Al percatarse de su presencia desde el otro extremo de la orilla, el ganso acudió de inmediato a su encuentro, la aceptó sin resistencia y desde entonces volvieron a desplazarse juntos por el club, ante la sorpresa de los socios que inicialmente creyeron que la ave original había regresado.