Salazar: "San Pedro necesita que esta fecha nos una: que podamos reconocer sin mezclar ni borrar diferencias"

Imagen captura SolTV Producciones  El intendente de San Pedro, Cecilio Salazar, encabezó este martes el acto oficial por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas en la plazoleta Ejército de los Andes. La ceremonia estuvo marcada por un fuerte contenido político y soberano, y contó con la particularidad de la presencia de integrantes de la Asociación 101, quienes mantienen un histórico reclamo por su reconocimiento como veteranos continentales, mientras que la Asociación de Veteranos de Guerra de San Pedro optó por no participar de la convocatoria oficial. Del encuentro participaron además representantes de diversas instituciones intermedias, autoridades municipales, delegaciones de establecimientos educativos de la ciudad y vecinos que se acercaron para rendir homenaje a los héroes de 1982 al cumplirse 44 años de la gesta.

Un Testimonio (por Eduardo Flores)

Enrique Ruggia, Graciela Rovini y Esteban Cuenca
Eduardo Flores, ex sacerdote, hoy residente en Brasil, dio a conocer, a través de integrantes del Foro por la Memoria, su testimonio sobre la vida de tres sampedrinos desaparecidos en la década del setenta.
En el texto que acompaña esta nota, Flores habla del “Grillo” Ruggia, Esteban Cuenca y Graciela Rovini.

"Quisiera hacer una reflexión, partiendo del recuerdo que tengo de tres de esos jóvenes sampedrinos que en el 74, 76 o 77 dieron su vida por la Patria. Me refiero al Grillo Ruggia, Esteban Cuenca y Graciela Rovini".
Los conocí cuando eran adolescentes, con 14 o 15 años. Estudiantes secundarios. Excepto a Graciela que junto con su madre y hermana fueron fundadores de la Parroquia San Pablo, en el 67, tanto a Ruggia como a Cuenca los recuerdo recorriendo el Barrio Obrero en el 70, tomando mate en ranchitos humildes o haciendo reuniones con los jóvenes del barrio.
Es el símbolo que vengo a rescatar, en nombre de la memoria histórica. ¡Eran adolescentes! Pero estaban preocupados por una llaga social, ignorada olímpicamente por la sociedad, que miraba para otro lado: Detrás del Hospital aquellas 40 casas a medio construir desde el 55, habían sido ocupadas de a poco por gente que no tenía donde vivir, y también se había formado un rancherío alrededor. Casi 200 familias, con una única canilla de agua en el medio del barrio. Ahí nomás, atrás del Hospital.
Esa situación fue la que sensibilizó a estos adolescentes, poniéndolos en contacto con una cruda realidad, despertando su conciencia social y su compromiso por transformar esa injusta realidad. Compromiso que cada uno de ellos, al igual que tantos otros, continuó viviendo por diferentes caminos, pero todos fieles a esa vocación militante de inserir lo personal en lo social, de ser actores y no meros espectadores de la Historia".