Rock en Baradero: Pogo y ritual entre la lluvia, el sol, el calor y el frío

Bien entrada la madrugada del domingo, el cansancio comenzaba a ganarle a las miles de personas que colmaron el Anfiteatro Municipal de Baradero reconvertido en la República del Rock. Después de dos días, el calor insoportable, la humedad pegajosa, el viento, la lluvia, el sol y, finalmente, el frío, eran demasiado. Pero Rock en Baradero siempre tiene algo más. El sopapo para despertar a los que se quedaron para el final llegó de la mano de Peces Raros y una explosión audiovisual adrenalínica y sin espejos en los que mirarse dentro de la música argentina de este siglo. 

El lugar mismo donde comienza el mundo (Tiempo Argentino)

El diario “Tiempo Argentino” publica en su suplemento cultural de hoy una extensa nota con la escritora Sylvia Iparraguirre, esposa de Abelardo Castillo, en la que habla de su última novela, “La Orfandad”.

“Sylvia Iparraguirre confiesa que fue “una especie de felicidad” poder plantear un ámbito acotado como el de un pueblo en La orfandad. La autora, que pasó su infancia y adolescencia entre Los Toldos y Junín y llegó a Buenos Aires a los 18 años para estudiar Letras, asegura que si bien la ciudad tiene un atractivo y una tradición de índole más literaria, el pueblo representa para ella una construcción más personal, relacionada con su memoria y la de su familia.
Sin embargo, según leemos en las primeras páginas de la novela, San Alfonso, “semejante a tantos otros pueblos de provincia en sus plátanos, su plaza con su héroe largamente llovido y sus veredas altas como barrancos”, se distingue de los demás por dos edificios emblemáticos: un asilo de huérfanas y una cárcel.
Y es desde allí, desde esas construcciones que albergan a todos aquellos a los que la ciudad prefiere no ver, que se revelan al lector los protagonistas de esta historia de amor que se va tejiendo lentamente, sin apuro, como una apacible siesta pueblerina: Bautista Pissano, un carpintero anarco-pacifista de 23 años enviado a prisión por una causa no probada, y Sonia Reus, una huérfana de 11 años cuyos días se suceden entre las cuatro paredes cargadas de susurros y carencias del hogar regenteado por las monjas. Una década después, la libertad los encontrará en las calles de San Alfonso, suerte de tercer protagonista de la novela”.

Ver nota completa en Tiempo Argentino