Robó productos de limpieza del Hospital y fue sorprendido por la policía

Un hombre de 31 años fue aprehendido ayer por la tarde en las inmediaciones del Hospital Subzonal Dr. Emilio Ruffa, luego de ser denunciado por haber sustraído insumos de limpieza pertenecientes a la institución pública, informaron fuentes policiales. El hecho se registró cuando el personal de la Estación de Policía Comunal se encontraba realizando sus habituales recorridas de prevención del delito por la intersección de las calles Belgrano y Bozzano. En ese sector, los efectivos fueron alertados por una mujer respecto de la actitud sospechosa del implicado, quien momentos antes había retirado sin autorización dos bidones de cinco litros de desodorante para pisos del interior del centro de salud local.

Mariano Reyloba no tiene reemplazo


No hay noticia más difícil de dar que aquella en la que no queremos creer. Y nos resistimos a creer en la muerte de Mariano Reyloba. No puede ser cierto. No debe ser cierto. 

El maldito bicho se llevó a una de esas personas capaces de cambiar el ánimo de cualquiera, de levantar cualquier grupo de trabajo, de hacer mejor el lugar en donde estuviera. Alguien imprescindible, y más en este momento. 

En la vieja APA fue, de adolescente, un alumno que pronto se transformó en maestro. Enseñó a varias generaciones la esencia de la radio, esos misterios que se cuelan por las consolas y permiten que el aire sea otro. Aunque en 1997 trasladó esa sabiduría no forzada y ayudó a formar el primer equipo de La Radio (en donde muchos terminamos de forjar una amistad de esas que él sabía entregar con generosidad y que durará para siempre) siguió en la 91.5, hasta que decidió arriesgar. 

Su inquietud por crecer y aprender lo llevó en los últimos años a desarrollar y ampliar su proyecto de eventos audiovisuales en paralelo con su trabajo en ARCOR. 

Mariano, el que nunca debería haberse ido, dejó cientos de historias que invitan a recordarlo con una sonrisa, aunque hoy nos gane el llanto. En un cumpleaños, un casamiento o en un rincón de la fábrica en plena madrugada, lograba que todo fuera mejor. Era el único que podía escribir su propia necrológica para hacerle un chiste a su querido "Pepe" Benseny y que no lo echaran. 

Padre, hijo, esposo, hermano y amigo inigualable, cultor de los cactus y los pececitos, Mariano no tiene reemplazo.