El Sindicato de Trabajadores Municipales anunció un nuevo paro ante el "incumplimiento del Ejecutivo"

  El Sindicato de Trabajadores Municipales (STM) de San Pedro convocó a una nueva medida de fuerza gremial ante una serie de reclamos laborales irresueltos. Los principales ejes del conflicto gremial giran en torno al incumplimiento en la entrega de indumentaria, elementos y herramientas de trabajo; retrasos en las recategorizaciones y en los pases a planta permanente; deudas en el pago de bonificaciones, así como deficiencias en las condiciones de seguridad e higiene y en el mantenimiento de la totalidad del parque automotor local. Al respecto, el secretario general del STM, Juan Cruz Acosta, se refirió a la situación en declaraciones al programa local "Equipo de Radio" y manifestó: "En realidad estamos peleando por lo mismo, estamos cansados del incumplimiento del Ejecutivo. Estamos exigiendo que nos den la ropa, las recategorizaciones".

La pérdida infinita (comunicado de la familia Gomila)

La familia de Ariel Lido Gomila emitió un comunicado, con motivo de cumplirse el primer aniversario desde su asesinato.
A continuación, el texto completo:
"Si algo nos atravesó a quienes amamos a Ariel, es el dolor de la pérdida infinita.
Y no es lo mismo que el dolor de la pérdida por sí mismo. Es más profundo y misterioso.
Se te pega en el alma y no te abandona nunca. Es pérdida sin fin porque todos los días volvemos a sentirlo como si fuera el primer día.
 Como si el duelo no llegara nunca, ni existiera esperanza de que llegue. Como si el arma que disparó se disparara a cada minuto y la bala que le atravesó el abdomen lo volviera a matar a cada instante.
Y en esa permanente muerte nos encontramos, recibiendo la terrible noticia en medio de la somnolencia de la madrugada, sintiendo en nuestro propio cuerpo el impacto de la pérdida irreparable, como una flecha que te perfora sin avisarte. Eso provoca la impunidad.
Cuando te lo cuentan podés comprender apenas, solidarizarte con el dolor del otro, pero no es posible sentir la pérdida infinita. Eso es algo incomprensible para ajenos.
Te pueden entender únicamente los que atraviesan esa resbaladiza experiencia humana que es la de ser víctimas de crímenes injustos. Dolorosamente injustos. Te preguntás por qué. Alguien que te pueda explicar por qué como cuando sos chico y querés entender el mundo así de repente, en pocas palabras.
Por qué Dios permite estas cosas, por qué no pudimos hacer algo antes para evitarlo, por qué no nos dimos cuenta que esto no le pasa siempre a otros, por qué otros sobreviven, por qué alguien puede ser asesino de alguien, por qué hay tantos que lloran y otros tantos que siguen riendo, por qué es posible que jamás tengas respuestas a ninguna pregunta.
 En una familia que vive la pérdida infinita, ninguno vuelve a ser el mismo. Como si el proyectil nos hubiera impactado a todos y creara un hueco que siempre está vacío, sin sangre ni cicatriz. Vacío.
 Podemos volver a llorar, volver a reír, volver a suspirar. A trabajar tantas horas por día, a compartir la mesa de los domingos, a caminar al atardecer, a hacer colas en el banco, a llevar a los chicos a la escuela, a cocinar, leer, mirar las estrellas. Pero no somos los mismos. Nos atraviesa un vacío inexplicable, irreductible, imperiosamente doloroso.
 Estamos en permanente consciencia que debemos hacer, decir, recordar, provocar, alertar. Somos pasajeros de un tiempo de dolor que no es solo nuestro. Es de muchos más porque genera esa pandemia de que “nos puede pasar a todos” y eso nos convierte en los testigos del dolor de la pérdida infinita.
Contarlo no alcanza, compartirlo no alcanza, marchar no alcanza, abrazar no alcanza. En todo caso necesitamos gritar. Elevar la voz para que rodee a todos y a cada uno, contándoles que de una pérdida así no se vuelve a ser el mismo.
Que el dolor puede ser tan agudo que te haga dejar de llorar pero nunca de sentir. Que eso no te redime de nada pero que seguramente nos vuelve un poco más humanos, cada día.
 Porque entendemos que los que amamos a Ariel sabemos que ahora somos su voz, su cuerpo y su alma. Que somos los únicos que podemos gritar por él, reclamar por él, trascender con él.
Entonces decidimos que eso es lo que vamos a hacer sin descanso: gritar por él, todos los días, un poco más fuerte, para que se escuche como un eco infinito: JUSTICIA.
NUNCA OLVIDAREMOS. NUNCA DEJAREMOS DE AMARLO.
NUNCA DEJAREMOS DE PEDIR JUSTICIA".