El Sindicato de Trabajadores Municipales anunció un nuevo paro ante el "incumplimiento del Ejecutivo"

  El Sindicato de Trabajadores Municipales (STM) de San Pedro convocó a una nueva medida de fuerza gremial ante una serie de reclamos laborales irresueltos. Los principales ejes del conflicto gremial giran en torno al incumplimiento en la entrega de indumentaria, elementos y herramientas de trabajo; retrasos en las recategorizaciones y en los pases a planta permanente; deudas en el pago de bonificaciones, así como deficiencias en las condiciones de seguridad e higiene y en el mantenimiento de la totalidad del parque automotor local. Al respecto, el secretario general del STM, Juan Cruz Acosta, se refirió a la situación en declaraciones al programa local "Equipo de Radio" y manifestó: "En realidad estamos peleando por lo mismo, estamos cansados del incumplimiento del Ejecutivo. Estamos exigiendo que nos den la ropa, las recategorizaciones".

"La paloma y el bombero" (por Jorge Bolla)

La calle estaba triste. Hacía frío. Había viento y la gente iba abrigada hasta tapándose la nariz; caminaba encorvada y con rapidez. Para colmo llovía. Intensamente, y las gotas estallaban contra el pavimento de la esquina de la escuela. Los pocos transeúntes observaban atemorizados hacia Yrigoyen o Mitre, cuidándose de los automóviles, cuyos conductores parecían haber acordado no respetar charcos. Iban como escapando del temporal...

Poco más de las cinco; los chicos habían dejado la escuela y la tarde empezaba a teñirse de penumbras. El cielo gris y las ramas de los árboles de la plaza de la iglesia brindaban un panorama ideal para una película de terror. El viento sacudía las ramas y hasta parecía se quebrarían, haciéndolas girar en una danza frenética.
El cristal de la puerta de la Clínica Plaza Constitución reflejaba la gente en el interior. Todos parecían fantasmas anaranjados que se sacudían al compás de los movimientos que el ventarrón de la calle daba a la puerta. Y viéndolas desde adentro, las personas aparecían sentadas o paradas en el medio de la calle en una imagen difusa y hasta cómica. Esperaban su turno de consulta, hablando casi por necesidad de hacer algo; lo hacían silenciosamente, como respetando el cuadro de la foto de la enfermera con el dedo cruzado en los labios.
Casi noche cuando la gente encontró un entretenimiento mirando hacia la antena de la escuela. Seguía lloviendo...
—¿Qué pasó?—pregunté acercándome tímidamente.
—Parece que una paloma quedó enganchada en la antena...—respondió un señor sin mirarme.
Tal cual. Una palomita había quedado atrapada de la antena. Aleteaba con desesperación...
Los pacientes seguían acercándose a la puerta, observaban, y retornaban a esperar su turno. Seguro sin dejar de pensar en la palomita, que parecía extenuada, acaso muerta por tanto esfuerzo.
La gente se lamentaba. Y comentaba buscando razones por qué la paloma quedó atrapada. Vaya a saber que la sujetó y condenó a una muerte segura.
Sin embargo, la luz de dos faros perforó la noche. ¡Los bomberos! Bajaron velozmente y observaban la antena desplegando escaleras. Buscaban algún indicio de vida de la paloma. (¡No pudo haber muerto!, pensé).
Lloviznaba cuando empezó el ascenso de un hombre. Pero a nadie interesaba el detalle. Sí que el viento había amainado, como una bendición al arrojo iniciado. Nadie recordaba el turno; se apretujaban en la puerta hasta que algunos decidieron seguir el episodio desde la vereda. Y los que pasaban, se detenían, absorbidos por la curiosidad.
El muchacho había llegado casi a la cima. E imaginé que si seguía con tanta ansiedad era porque la paloma había dado signos de vida. Los compañeros, alumbrando, sostenían con fuerza la escalera. Ya a nadie importaba el frío y la llovizna. Y hasta se dieron gritos de júbilo cuando el bombero alertó que la tenía en su mano. Descendió con ella unos metros y, seguro que podría sola, la dejó en libertad.
Imaginé su vuelo feliz y esperanzado. Pero apenas pudo verse la silueta oscura, al mismo tiempo que el muchacho empezaba a recibir calurosos saludos, vivas y felicitaciones. Busqué la paloma, pero la noche ya era dueña y señora de la calle...

(Jorge Alberto Bolla, 1998)