Rock en Baradero: Pogo y ritual entre la lluvia, el sol, el calor y el frío

Bien entrada la madrugada del domingo, el cansancio comenzaba a ganarle a las miles de personas que colmaron el Anfiteatro Municipal de Baradero reconvertido en la República del Rock. Después de dos días, el calor insoportable, la humedad pegajosa, el viento, la lluvia, el sol y, finalmente, el frío, eran demasiado. Pero Rock en Baradero siempre tiene algo más. El sopapo para despertar a los que se quedaron para el final llegó de la mano de Peces Raros y una explosión audiovisual adrenalínica y sin espejos en los que mirarse dentro de la música argentina de este siglo. 

El testimonio de un detenido ubica el destacamento de Gob. Castro como centro de detención en la Dictadura

Imagen "San Pedro Televisión"



El servicio informativo de “San Pedro Televisión” publicó ayer un testimonio clave para entender el funcionamiento del aparato represivo de la Dictadura en nuestra región.

El periodista y docente sampedrino Emilio “Nito” Tulissi, radicado en Moreno durante muchos años. Fue allí en donde lo secuestraron los grupos de tareas.


Tulissi relató, cuatro décadas más tarde, lo sucedido:  “Volviendo del kiosco en ojota y short veo dos enormes automóviles en casa y cuatro tipos de traje y gafas negras. Me aproximé. Me dijeron que eran de Presidencia, y que me tenían que llevar detenido. Uno de ellos entró a mi casa, se sentó en la cama cuando me cambiaba”.

A continuación, por circunstancias que aún hoy desconoce, fue trasladado al destacamento de Gobernador Castro: “En uno de los coches encontré a Panacevich que era dirigente comunista de la zona en la época. Partimos con rumbo desconocido. Llegamos a San Pedro, nunca sabré por qué. Paramos en la Comisaría, pero no nos hicieron bajar. Bajaron dos de ellos. Estuvieron como una hora y volvimos a partir, con rumbo desconocido hasta que arribamos a la comisaría de Gobernador Castro”.

Tulissi, conocedor de la zona, recordaba el lugar con precisión. “Un pasillo largo, una puerta metálica con una mirilla. Dos o tres calabozos muy pequeños, un excusado y un pequeño patio que era una leonera que no tenía techo. Allí estuvimos otra temporadita. También ignorando nuestro destino. Estabas allí a expensas de cualquier cosa. Los que éramos medianamente conocedores sabíamos  que le tocaba a cualquiera en cualquier momento. Más allá de que hubieses tenido participación en alguna fuerza armada, que no era mi caso. O en alguna prédica revolucionaria, que si era mi caso”.

Tulissi recuerda a quienes fueron sus captores: “Recuerdo que había un comisario muy alto, muy grandote que sabía estar bastante encopado. Y me acuerdo que avanzada la madrugada, a través de la mirilla, nunca le vi el rostro, otro policía, que se me ocurre que era un hombre grande, me hablaba, y me preguntaba quienes eran los Tulissi de la zona. Gracias a él comíamos bastante bien. Lógico que a veces uno habla de tortura y la tortura no solo es física. Cada vez que se ponía el motor del agua en marcha o la radio a todo volumen, sabíamos lo que venía después. Y aunque no torturaran, el solo hecho de escucharlo ya era mortificante”.