El Sanatorio COOPSER reanuda la atención para afiliados de Unión Personal y Accord Salud

El Sanatorio COOPSER informó de manera oficial la normalización de sus servicios en consultorios para los beneficiarios de las obras sociales Unión Personal y Accord Salud, luego de un período de interrupción en las prestaciones motivado por incumplimientos financieros. ​La decisión de restablecer la atención médica se fundamenta en la cancelación de una parte significativa de la deuda pendiente que las mencionadas entidades mantenían con el centro de salud. Este avance en las negociaciones permitió destrabar el conflicto que afectaba la cobertura de una amplia nómina de afiliados en la región. ​A partir de este anuncio, los pacientes bajo dicha cobertura técnica están habilitados para solicitar turnos y realizar consultas ambulatorias con normalidad. Los servicios se encuentran operativos para todas las especialidades y profesionales médicos que integran la cartilla del Sanatorio COOPSER, garantizando así la plena vigencia de los derechos prestacionales de los usuarios.

Donaron una antigua fragua hormiguicida para el Museo de Tecnología Agropecuaria

Un singular elemento utilizado por los colonos rurales de la zona durante el siglo pasado fue donado al Museo de Tecnología Agropecuaria, de Gobernador Castro.
La familia Gallina, del Paraje “Las Flores”, acercó una fragua hormiguicida marca Roma Patente 39088, un elemento muy utilizado en los campos de la zona para combatir a la hormiga negra o podadora (Acromirmex sp.)

El curioso e ingenioso aparato, de 77 cm de alto, 60 cm de largo y 44 cm de ancho, se componía de una pequeña fragua manual de molinete para insuflar aire unida a un recipiente vertical donde se colocaba el veneno. Todo era soportado por un trípode de hierro.
En el fondo de dicho recipiente se colocaba carbón encendido y en una pequeña plataforma superior, se ponía, principalmente, arsénico. Al calentarse, éste liberaba gases muy venenosos que eran impulsados hacia una boca de salida, la cual estaba conectada a una manguera que se introducía en el hormiguero que se deseaba eliminar.
La alta toxicidad del arsénico combinada con los gases del carbón producía la mortandad de los insectos pero implicaba, además, un riesgo para quien manipulaba el objeto.
Si bien en la máquina donada por la familia Gallina no se conserva la parte del molinete, presenta un buen estado general donde se aprecian, incluso, el detalle de la marca, número de patente y modelo de forma clara y en relieve.
Integrantes del Grupo Conservacionista realizaron la limpieza, restauración y pintura de la misma respetando el color verde noche con que estaba cubierta originalmente.
En los próximos días, este objeto pasará a engrosar la colección del Museo y será ubicado en la Sala de los Colonos.