La primera campaña municipal de residuos electrónicos recuperó más de 2.300 kilos de materiales

El Municipio de San Pedro completó con éxito la primera campaña municipal de recepción y recupero de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), una iniciativa desarrollada durante los meses de junio y julio que permitió recolectar un total de 2.373,7 kilos de materiales en desuso en todo el Partido. La propuesta, llevada adelante a través de la Dirección de Ambiente de la Secretaría de Desarrollo Económico, se organizó en dos etapas territoriales. La primera fase se desplegó en distintos sectores de la ciudad cabecera, instalando puntos de recepción en las inmediaciones de la Escuela Normal, la Escuela Industrial, Plaza Constitución y el barrio San Javier. Posteriormente, la campaña extendió su cobertura hacia las localidades de Gobernador Castro, Río Tala, Santa Lucía, Pueblo Doyle y Vuelta de Obligado. Durante el último traslado logístico, se enviaron 417,4 kilos correspondientes a lo acopiado en las delegaciones del interior del distrito, completando así la e...

Por los servicios prestados (Abelardo Castillo para el suplemento literario de Página/12)

Pastoseco existió, o por lo menos existió su apodo. Hizo el servicio militar en Zapala o en Cobunco, tal vez el mismo año en que yo lo hacía en Olavarría.
Me habló de él un amigo mío, que lo tuvo de compañero y que me contó la historia del atadito de pasto en los borceguíes. El empozamiento de un oficial y un soldado durante una tormenta de nieve también fue un hecho real, o uno de esos hechos que llamamos reales, sólo que ocurrió con otros protagonistas.

Como sea, lo único que ahora me parece verídico es lo que nunca sucedió, lo que inventé en mi cuento. Lo demás ya lo escribí en el postfacio a Las maquinarias de la noche. “Por los servicios prestados” se publicó en 1979, en la revista El ornitorrinco, como una velada provocación, como una especie de homenaje inverso a la conmemoración militar por la Campaña del Desierto.
Hoy –también ya lo dije– preferiría que se leyera sencillamente como un cuento. Lo que me interesa de una ficción es su verdad poética, no su intención moral; lo que a mí me importa de “Por los servicios prestados” es que su desenlace –seguramente previsto por el lector– deja intactos a los dos personajes.