Bien entrada la madrugada del domingo, el cansancio comenzaba a ganarle a las miles de personas que colmaron el Anfiteatro Municipal de Baradero reconvertido en la República del Rock. Después de dos días, el calor insoportable, la humedad pegajosa, el viento, la lluvia, el sol y, finalmente, el frío, eran demasiado. Pero Rock en Baradero siempre tiene algo más. El sopapo para despertar a los que se quedaron para el final llegó de la mano de Peces Raros y una explosión audiovisual adrenalínica y sin espejos en los que mirarse dentro de la música argentina de este siglo.
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Sobre la impresión que se llevó el funcionario luego de la recorrida y el diálogo con los trabajadores, agregó que “la calificó como una fábrica de cinco o seis puntos, y dijo que si bien estaba produciendo y necesitaba mejorar porque si su funcionamiento no es malo, pero no es óptimo”.