Rock en Baradero: Pogo y ritual entre la lluvia, el sol, el calor y el frío

Bien entrada la madrugada del domingo, el cansancio comenzaba a ganarle a las miles de personas que colmaron el Anfiteatro Municipal de Baradero reconvertido en la República del Rock. Después de dos días, el calor insoportable, la humedad pegajosa, el viento, la lluvia, el sol y, finalmente, el frío, eran demasiado. Pero Rock en Baradero siempre tiene algo más. El sopapo para despertar a los que se quedaron para el final llegó de la mano de Peces Raros y una explosión audiovisual adrenalínica y sin espejos en los que mirarse dentro de la música argentina de este siglo. 

Súbete a mi barco (por Eduardo Campos)

La historia comenzó el 8 de diciembre pasado cuando, en el marco de una visita hecha por el capitán de navío Raúl Benmoyal, representante de la Armada Argentina ante el Consejo Portuario local, surgió la posibilidad de un encuentro con el director de cultura José Luis Aguilar.
En la misma el oficial naval (según manifestó) se vio gratamente impresionado por la forma en que la ciudad mantiene su historia a través de diversos museos, y por ello le ofreció al funcionario una nave de la marina que estaba a punto de ser desactivada del servicio activo para utilizarla como museo flotante.
Esta práctica de transformar barcos en museos es algo muy difundido en muchos países del mundo pero no en la Argentina. Solamente existen dos naves en esa condición: la Fragata “Sarmiento” y la Corbeta “Uruguay”. Ambos son veleros y se hallan en la ciudad de Buenos Aires.

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