El diario La Nación mostró cómo se vivió el partido en el almacén de Beladrich


El diario "La Nación" llegó este viernes al paraje Beladrich para retratar cómo se vivió el partido entre Argentina y Países Bajos por los cuartos de final de la Copa del Mundo de Qatar. 

Con texto de Jesús Allende y fotos de Santiago Fillipuzzi, ésta es parte de la crónica que puede encontrarse completa la edición digital (www.lanacion.com.ar)

Artículo y fotos diario La Nación

"Las aves de rapiña sobrevuelan el campo, pacientes a la espera que un animal ceda ante el sol implacable. El molino tiene las aspas paralíticas, la ausencia de viento hace que se vean estampadas al paisaje rural. Las ovejas rasguñan el pasto seco, hace seis meses que no llueve en la región. El monte de eucaliptus, único resguardo a la sombra en el páramo, esconde al paraje Beladrich, un delta agreste en el partido de San Pedro –en la Provincia de Buenos Aires- que convoca este viernes a cinco de sus doce vecinos a ver a la selección.

Están reunidos frente al pequeño televisor de tubos encastrado en la pared del Almacén Beladrich que atiende Matías Fegan, de 38 años. “Pepo”, una cotorra enjaulada grazna con los vítores de los concurrentes en cada jugada albiceleste. La gata Bonita, no se inmuta con los festejos desaforados finales del conjunto argentino en su agónica victoria por penales contra Países Bajos.

Un ventilador de piso acondiciona el boliche que levanta temperatura con el calor humano. La antigua pulpería, construida en 1935, en otro tiempo convocaba a los gauchos a jugar al truco, beber y proveerse antes de encarar con faja y facón las profundidades de la llanura. Hoy se reconvirtió en una despensa familiar que sirve a la vez de posta de descanso a los trabajadores rurales de las estancias.

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A la hora del partido los concurrentes se acomodan donde pueden, en las banquetas de madera, en las sillas de plástico. A los que les cuesta manejar los nervios y la ansiedad de la pelota en juego se quedan parados. De Beladrich están Fegan, Ramón, su mujer y su hija. Después llegan Marcos, Alejandro, Richard y Rafael, un grupo de amigos de zona oeste de Buenos Aires que fueron a pescar por el fin de semana largo a Arrecifes. Están acampando a orillas del río de Beladrich.

“No estamos pescando nada porque no le estamos embocando con la carnada, tenemos hasta el sábado para mejorar la suerte. Queríamos conocer una pulpería, algo histórico por la zona porque nunca habíamos conocido y no nos íbamos a perder el partido de la selección. No hay nada más por acá. Caímos de casualidad, nos trajo el Google Maps”, dice Alejandro

Los amigos ordenan un cuarto de salame, mortadela y queso. Piden la clave de wifi y preguntan si pueden pagar con billetera electrónica. “No hay nada de eso”, les responde Fegan cuando les trae el pedido. La conexión más cercana se encuentra en una estación de servicio a 20 kilómetros

La cerveza, el vino con hielo y un ventilador de piso son el remedio para bajar la temperatura. Las puertas están cerradas para que no entre el polvo que se levanta del camino. Los 38 grados apenas ceden cuando una nube pasajera tapa el sol para luego descubrirse otra vez sobre la despensa, que se vuelve una sartén. Fegan ocupa su lugar de cábala, junto al mostrador que atiende todos los días. Cuando suena el himno argentino en el televisor, el silencio es solemne. El único que se mueve es Cacique, un border collie que entra y sale del almacén.

La asistencia de Messi, y el gol de Molina, levantan a los parroquianos; el aire escatima, pero el aliento no se detiene

Salvo por algunos gritos aislados, el primer tiempo transcurre silencioso, fundido con la calma del campo. Después llegó la asistencia de Messi, y el gol de Molina. El aire escatima, pero el aliento no se detiene. Un nubarrón de moscas vuela sobre el mostrador. Fegan lo fulmina con un rociador de insecticida.

En el entretiempo Fegan habla de sus inicios en el almacén. “Venía de chico con mi papá, nunca pensé que de grande me iba a hacer cargo del boliche. Antes era una pulpería, tenía de todo, ferretería, peluquería, carnicería, venía la gente a tomar. Empecé atendiendo los fines de semana hasta que me hice cargo cuando se fue el dueño anterior”, dice Fegan.

Hace diez años trabajaba en una granja de pollos en la zona, hasta que “compró la llave” del almacén, la forma de referirse a que tiene la licencia para gestionarlo, aunque el establecimiento sigue perteneciendo al antiguo propietario. “Los primeros años fueron durísimos, venía muy poca gente, pensé en dejarlo pero mis amigos me alentaron a seguir. Ahora se hacen peñas y los fines de semana llega el turismo”, dice.

Argentina tiene que patear su penal cuando la luz se corta en el almacén; todos maldicen la mala suerte y alguien corre a buscar una radio

La gran oportunidad de Fegan llegó en 2014, cuando el paraje Beladrich quedó en medio de la ruta trazada por el Dákar, la competencia internacional de automovilismo que por años se corrió a lo largo del país. “La gente acampaba fuera del almacén, y desde ahí se volvió un punto de encuentro”, recuerda.

Para el segundo tiempo aparece Gladys, alentada por los gritos, no se quiere perder el evento. A Fegan se le vuela la boina con el tiro libre rasante de Messi con el que casi convierte el segundo gol de la selección. La oportunidad de convertir para el capitán vendrá después con el penal.

“Nos quedamos sin hielo”, se lamentan en el boliche. Los nervios vuelven con el descuento neerlandés que achica el marcador. Después todos se lamentan con los diez minutos adicionados por el referí sobre el final. El gol de Holanda sobre la hora transforma sus caras en preocupación.

Cae la tarde y en el horizonte aparecen nubes que oscurecen el cielo. El tiempo extra transcurre eterno, al ritmo de Beladrich. Llegan los penales y vuelve el silencio. Las dos atajadas del Dibu Martínez se gritan como un gol. Quedan dos penales para definir la serie. El viento se levanta, y las aspas del molino afuera giran velozmente.

Argentina tiene que patear su penal cuando la luz se corta en el almacén. Todos maldicen la mala suerte y alguien corre a buscar una radio. El boliche queda en las penumbras y afuera una ventisca de polvo entierra al almacén.

Los vecinos se aventuran en la tormenta de tierra. Alguien enciende la radio de un auto, sintoniza las estaciones. La señal no ayuda. Hasta que da con la estación correcta. Argentina ganó. El polvo del camino es lodo. Argentina pasó a semifinales y en Beladrich llueve. Donde hace seis meses no llovía, llueve".