"Una Lima de contrastes vibró con los juegos", por José Miguel Güidi

Una palabra aparece en el diálogo con los taxistas en Lima: Odebrecht. El nombre del gigante brasileño de la construcción, acusado de pagar sobornos en varios países de América latina para realizar grandes obras públicas, explica en parte, la realidad de lo que falta hacer para mejorar el caos del transporte público, que combina colectivos de todo tipo, combis con varias décadas de uso, taxis a elección, uber, un bus metropolitano (similar al metrobus en Argentina), un solo tren que circula por un monorriel que atraviesa la capital y que, iniciado por Alan García en su primer período fue terminado por él mismo… 30 años después, en su segundo mandato. 

Además, los taxis no tienen el reloj como en la Argentina, sino que el chofer informa lo que sale el viaje, pero se puede negociar en el momento si el pasajero quiere pagar menos. Oferta y demanda todo el tiempo, en la calle.
Odebrecht está realizando el segundo tren, que también será el primer subterráneo y, a pesar del retraso que tiene la obra, todos explican que va a servir para sacar algunos autos de la calle, que cada vez son más porque la estabilidad monetaria (un dólar son 3,30 soles peruanos; un sol peruano equivale a 13 pesos argentinos al cambio oficial, aunque es complicado obtenerlo a ese valor) permitió que varios limeños pudieran acceder a su primer “carro” y lo prefieren antes que el
transporte público.
Con el entusiasmo que genera tener por primera vez los Juegos Panamericanos, los peruanos ofrecen gentileza e información todo el tiempo en cualquiera de los 24 distritos que forman la provincia constitucional de Lima. Miraflores es el más pintoresco, turístico, donde todo cuesta un poco más, con bicicletas y, sobre todo, con monopatines eléctricos que llaman scooters, circulando por todos lados; la vista del Pacífico es privilegiada, aunque también Barrancos, Magdalena o San Miguel (sede del beach vóley) están sobre la costa. San Isidro (el corazón financiero), Lince, Rimac o Lima (se ubican la Casa de Gobierno, la Plaza de Armas, la Catedral, la iglesia San Francisco con la recorrida por las catacumbas), tienen un panorama diferente al primero, aunque la amabilidad no cambia, igual que el cielo: siempre color “plomo” (gris), sin sol ni lluvias.
La Videna (Villa Deportiva Nacional) en el distrito de San Borja, al lado del centro de prensa, fue la sede con más deportes: squash, bowling, hándball, judo, patinaje artístico, bádminton y tenis de mesa, ciclismo en el velódromo renovado, natación, nado sincronizado y saltos (en el nuevo centro acuático) y atletismo (también tendrá la mayoría de los deportes mencionados en los parapanamericanos). Cerca de allí está el gimnasio “Eduardo Dibós”, escenario del básquet. El resto queda lejos y a merced del transporte y del tránsito. El polideportivo 1 de la Villa Deportiva Regional del Callao (el principal puerto del país) fue construido para los juegos y luce imponente para los partidos de vóley. Igual que el coliseo Miguel Grau, en el mismo complejo, que fue reformado y donde se realizó el boxeo. En la misma sede también se desarrollaron las competencias de teakwondo, ráquetball, lucha libre y grecorromana. Para los sampedrinos, los lugares de competencia quedaron más lejos: Huacho, a unos 150 kilómetros al norte, fue la sede del canotaje, y Paracas, 200 kilómetros al sur, la del yáchting.
Muchas entradas se agotaron para la primera semana de competencia, aunque no tuvo costo observar, en la calle, el primer gran fervor local: el 27 de julio Gladys Tejada y Cristian Pacheco ganaron el maratón que tuvo largada y llegada en el Parque Kennedy, en Miraflores. Al día siguiente, en el D la Independencia, las palabras del presidente Vizcarra para adelantar las elecciones generó polémica de todo tipo al punto de que una columnista del diario “El Comercio”, el más importante del país, explicaba: “…ya no sentimos vergüenza al decir que somos peruanos, salvo en la política”. Es que, a pesar de la reducción de la pobreza desde el comienzo de siglo XXI hasta hoy, casi todos sus presidentes desde el regreso democrático en 1980, terminaron de mal en peor sus mandatos: Alberto Fujimori está preso; Alejandro Toledo, que vive en EE. UU., fue condenado por recibir sobornos; Alan García se suicidó hace unos meses luego de ser acusado por el caso Odebrecht; Ollanta Humala fue condenado por financiación ilegal de sus campañas; Pedro Pablo Kuczynski cumple arresto domiciliario. Por eso las palabras de un taxista, mitad en broma y mitad en serio, se hacen eco en el pasajero que más adelante las repetirá a otros para motivar la sonrisa del conductor: “Si se llega a nacionalizar Ricardo Gareca y se presenta a las próximas elecciones, es muy posible que las gane”.

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