Mariel Mitidieri presentó "Herederos de la Laguna" en el Club Náutico

El Club Náutico San Pedro fue escenario de un emotivo encuentro cultural en el marco de las actividades camino a su 119º aniversario. Este miércoles 29 de julio, las instalaciones de la Escuela Náutica Guillermo Brown acogieron la presentación del libro "Herederos de la Laguna", una obra escrita por la sampedrina Mariel Mitidieri que convocó a más de 80 personas, entre miembros de la Comisión Directiva, deportistas, referentes históricos del canotaje y vecinos vinculados a la historia fluvial de la región. La conducción de la jornada estuvo a cargo de Sonia Secchi, secretaria de la Comisión Directiva del club. La velada combinó recuerdos, reflexiones e historias compartidas frente a la mirada atenta de un público que colmó el salón, con el marco natural de la laguna de fondo. Durante el evento, la autora estuvo acompañada por Lola Barceló, ilustradora del libro y joven navegante de la clase Optimist de la institución, quien ofreció la lectura de alguno...

La historia de una viverista sampedrina de 80 años, en "La Nación"

El diario "La Nación" publicó una extensa nota que narra la historia de Cristel Steppuhn de Vidal, emblemática viverista de nuestra región.
"Cristel Steppuhn de Vidal vive entre rosas desde hace más de 80 años. Ella nació en Río Negro, donde su padre venido de Alemania se instaló para trabajar en el vivero Los Álamos de Rosauer, creado por inmigrantes europeos. Vivieron durante muchos años en el sur de nuestro país, hasta que la familia decidió mudarse a Buenos Aires y luego a San Pedro, con su propio proyecto de un vivero de rosas" remarca la crónica.

Su experiencia, su historia y el desarrollo de su trabajo, en los siguientes extractos de la publicación:

"En esa época, éramos los únicos que multiplicábamos rosas. Mi padre, con la experiencia de años, supo aprovechar esa oportunidad y fuimos precursores en la zona. También pudo hacer valer su excelente relación con el hibridador alemán Kordes, quien le proveía de las novedades en materia de rosas nuevas, para que él las multiplicara en el vivero", recuerda Cristel.

"Allá por el año 1960, cuando Kordes envió muchas nuevas variedades para que mi padre multiplicara, las seleccionadas fueron ocupando largas hileras de producción en el campo, pero en especial una fue un fracaso, nadie la compraba... Era el rosal 'Iceberg'".


Aún hoy, luego de tantos años, siguen siendo referentes en el mundo de la rosa, quizás con un vivero más chico, pero eficiente en extremo. Mientras Cristel relata su vida rodeada de rosas, escribe las etiquetas con el nombre de cada una, de puño y letra. "¡Así todos reconocen mis rosas, ya que están con mi letra!". También es quien levanta los pedidos, atiende personalmente a los clientes, acompaña al resto de su gente en las tareas diarias. Siete de la mañana arriba, para comenzar con el trabajo sin perder su sonrisa permanente y voz amigable.

Héctor González es fiel compañero en esta larga trayectoria; comparten la pasión de cultivarlas y disfrutarlas, aunque no siempre fue así. "A Héctor no le gustaban las rosas antiguas, porque eran raras", cuenta Cristel. Hoy es él quien se encarga de hacer el trabajo de injertado y estacas. Y justamente es la multiplicación de rosas antiguas la especialidad del vivero. Son ellos quienes proveen a paisajistas y a otros viveros, y a particulares.

Entre su infinidad de anécdotas, cuenta acerca de una reunión de la Asociación Argentina de Rosicultura, con referentes de viveros productores de Europa y Norteamérica. Allí, el director del Rosedal de Madrid le preguntó si hacía rosas nuevas. Cristel contestó que llevaba mucho tiempo hibridar, y recibió como comentario que los grandes cultivadores no necesariamente hibridaban. Fue así que decidió juntar semillas y probar suerte. De las cincuenta que salieron, hoy sigue con el cultivo de tres: 'Lucero del Alba', 'Macachín' y 'Maragata', sin espinas. Este último nombre surgió de una canción que solía cantar su madre, pero tuvo que buscar el significado para asegurarse del buen sentido de la palabra. No falta una rosa con su nombre, la perfumada 'Cristina Vidal'.

El intenso granizo que cayó sobre Buenos Aires en el año 90 dañó considerablemente el cultivo. Tuvieron que construir un invernáculo con alambre tejido, que siguen usando para proteger plantas en caso de nuevas caídas. Se resiste a utilizar herbicidas por su efecto nocivo para la salud de las personas y, aunque los yuyos van tomando terreno, prefiere sostener su decisión.

"El tiempo nos vuelve más sabios, pero el andar más lento imposibilita atender todos los detalles". Sin embargo, es Cristel quien sigue al frente del vivero e incluso quien recorre el lugar para pinzar las plantas nuevas cada primavera. No tiene rosas favoritas. Todas y cada una cuentan una historia, tienen su encanto, tienen su nombre escrito a mano con un trazo que ya se convirtió en sello propio.