10.9.16

Nuevo pedido de Justicia por Ariel Gomila, a 7 meses de su asesinato

Familiares de Ariel Lido Gomila volvieron a reclamar Justicia, al cumplirse 7 meses desde el brutal homicidio. 
En esta ocasión, su nieto, Juan Manuel, expresó a través de la red social Facebook que “ser familiar de una víctima fatal de la delincuencia indefectiblemente termina por convertirte en un insistente serial”. 
A continuación, se preguntó: “Qué más queda si la impunidad es la norma y la injusticia la regla?”. 

Gomila considero que el asesinato de su abuelo, el 6 de febrero, será un “caso testigo en nuestra ciudad”: “Testigo de la ausencia de políticas sería para el sector rural en materia de seguridad. Testigo de la complicidad de fuerzas políticas y de seguridad a la hora de echar luz sobre un hecho que hiere al corazón de todos los sampedrinos. Testigo de la inexistencia de acompañamiento a las víctimas de un casa semejante. Testigo del silencio de los que saben y de los gritos de los que quieren saber”. 
El ex presidente de la Agrupación Mallorca concluyó: “No merecemos el desprecio por nuestras vidas. Ojalá cambiemos de verdad”. 
Finalmente, agradeció “a todos los vecinos rurales que tampoco se olvidan de Ariel Lido Gomila”. 
Hasta el momento hay un único imputado, prófugo de la Justicia, por el crimen. Se trata de Ulises Fernández, esposo de la ex consejera escolar de Cambiemos Silvina Sampol. En la casa de ambos, cuando la policía realizó un primer allanamiento por el homicidio, encontraron drogas para comercialización.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

EL MIRADOR
Me solidarizo con la familia del señor asesinado y de todos aquellos que han sufrido hechos de inseguridad y el gobierno local, los concejales, la policía y la justicia no hacen nada para esclarecer los casos y tampoco se preocupan por solucionar el problema tan grave que vivimos los sampedrinos.
Es de no creer que en 7 meses el único imputado por este crimen, todavía se encuentre prófugo.
Nadie se preocupa por los habitantes, pero cuando están frente a un micrófono o cámara televisiva, parece que todo arreglarán en segundos.
Que haya justicia para que podamos vivir tranquilos.

marcos L dijo...

Todavia no pueden agarrar esa lacra.déjate de joder justicia

Anónimo dijo...

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.
La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.
El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.
Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:
-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.
Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.
-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.
-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?
El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:
-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla
Franz KaFka